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"Iglesia que alegra a Jesús"

Día 11

Ptor Pablo Garay

Pasaje Bíblico: En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que ocultaste a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido. Lucas 10.21

Dentro de nuestra declaración de “Visión”, tenemos la frase que expresa el deseo de ser una Iglesia conforme al corazón de Dios.
No hay dudas que Lucas trata de plasmar una escena verdaderamente impactante en el comienzo del entrenamiento que Jesús les daba a sus discípulos, preparándolos para extender el reino de los cielos, hasta lo último de la tierra.
Lucas queda asombrado de como Jesús lleno del Espíritu Santo alaba a Dios por lo que estaban viendo sus ojos. El poder del enemigo, comenzando a ser desmoronado por una Iglesia en formación que era fiel a sus instrucciones.
Pero que además tenía una cualidad que era esencial para que el poder de Dios se manifestara: “La humildad”.
Durante todo su peregrinar por las ciudades del mundo antiguo en tierras palestinas, Jesús se chocaba con el problema más grande que tiene el hombre “su orgullo”.
En la frase de “sabios y entendidos” Jesús resume el problema de los hombres que no pueden vivir ni experimentar lo nuevo de Dios. En cierta ocasión les recrimina a los religiosos de ser conocedores del aspecto del cielo, pero no saben distinguir las señales de los tiempos. (Mat 16.3)
El orgullo es lo que ciega, envanece y traba el verdadero conocimiento. Jesús, no es alguien a quien estudiar, sino alguien a quien amar, obedecer y seguir.
La insistencia de Jesús a que seamos como niños, incluso como condición para entrar al reino de los cielos, está fundamentada en que un niño tiene todo por aprender, conocer y experimentar. El niño representa la humildad que abre la puerta a un conocimiento nuevo de Dios.
Cuando la Iglesia mantiene un espíritu humilde, abierto a lo nuevo, que vive y se mueve en obediencia a la voz de Dios, toca el corazón del Señor que se llena de gozo y alegría. Dios ve a sus hijos, como niños que siguen a su papá aprendiendo a caminar y gozándose de las victorias obtenidas en el aprendizaje de ser ciudadanos del cielo.

Oración: Al orar juntos, pedir perdón por el pecado de orgullo, por quedarnos entre cuatro paredes y no salir a predicar. Renunciar a las divisiones denominacionales, que formaron barreras y diferencias humanas. Pedir a Dios por humildad y pasión por las almas, que nos impulse a salir a predicar, mientras bendecimos al prójimo y alegramos su corazón.